lunes, 25 de marzo de 2013

EL LINAJE DE HUELVA EN LA NOBLEZA AMERICANA

A. Casas.

            El desmedido afán del español del Renacimiento por obtener la consideración de hidalgo y transmitirla a sus descendientes, le sigue acuciando en las nuevas tierras descubiertas y por descubrir de las Indias, que presentan un amplísimo campo de oportunidades en el que la fama y la gloria se le ofrecen para cosechar méritos suficientes y renombrados con los que recibir el reconocimiento regio de sus derechos personales dentro del estamento señorial, principalmente, en la clase llamada hidalgos de privilegio.
   Las peticiones desde las Indias eran constantes, pues todos los conquistadores y colonos se sentían hidalgos y descendientes de hidalgos. Fernández de Oviedo solicitó unos cien hábitos santiaguistas para la gobernación de Santa María, y Las Casas, el hábito de Calatrava para los cincuenta labradores que llevó a las tierras de Paria. El desorbitado número de demandas de dignidades nobiliarias, obligó a la Corona a endurecer los requisitos indispensables para solicitarlas y la comprobación de los hechos y virtudes que se alegan en las “Probanzas”, como, por ejemplo, que sus antepasados no habían desempeñado oficios viles y baxos, ni sufrido penas de la Inquisición, y, sobre todo y por encima de cualquiera otra valoración, el escrupuloso cumplimiento  de las restricciones que, a tales efectos, se exigían en los “Estatutos de Limpieza de Sangre”, de tal forma que el aspirante a caballero, además de sus invocadas cualidades individuales, sociales y cristianas, debía y tenía que probar que estaba limpio y sin mácula de toda huella judaizante desde las raíces más profundas de su genealogía, al menos, desde sus bisabuelos, o desde el primer antecesor de filiación legítima que pasó a las Indias.
   Fueron muchos de Huelva los que, desde todos los rincones de la comarca, pasaron a las Indias, ya como descubridores, ya como conquistadores, ya como funcionarios de la Corona o como colonos, cuyos servicios les hicieron merecedores de la concesión real del tan ansiado título de hidalguía, e incluso, a más de unos, de tener escudo de armas y lucir el hábito de caballero de alguna Orden Militar. La de Santiago se reservaba a quienes hubiesen destacado en acciones guerreras, en el ejército o en la armada, o en presidios o plazas fronterizas, mientras que para las de Calatrava y Alcántara eran preferidos los que hubiesen contraído valores civiles o por el lustre de su linaje.
   La lista de los beneméritos es interminable, pero, como muestra, valgan estos pocos ejemplos. Escudo de armas se concedió, entre otros a:

            En 1519, por Real Provisión, a los descendientes de la familia Pinzón, de Palos de la Frontera, que fueron a descubrir con don Cristóbal Colon.
           
En 1541, a Hernando de Lepe, de Lepe, quien fue uno de los primeros conquistadores y pobladores de la isla de San Juan.
           
En 1550, a Martín López, de Ayamonte, por los servicios prestados en la Nueva España con Hernán Cortés y que vos distes orden e industria por donde se hiciesen ciertos bergantines, con los cuales fue parte para se ganar la dicha ciudad de México y otros pueblos, y hicistes otros servicios notables.
           
En 1570, Juan e Ojeda por sus servicios como Capitán, Almirante y General en las campañas de Italia, Hungría y Grecia y África y en el mar Océano.

            El hábito de caballero de la Orden de Santiago, entre otros, a:

            1590. Pedro Alonso Carrasco, hijo de Dª Leonor Arias de Castillejo, de Huelva, y nieto materno del bachiller D. Francisco Arias Delgado y Dª Francisca Rojo Castillejo, ambos de Huelva.   
            1623. Juan de Larrinaga, nieto de Dª Francisca Medel de Huelva.
           
1638. Andrés de León Garabito, nieto paterno de D. Diego León Garabito, de Niebla, y nieto materno de D. Antonio Illescas, de Gibraleón.
           
1641. Diego Dalmonte y Robledo, nieto de D. Diego García, de Almonte, el cual era, asimismo, abuelo de un hermano de D. Diego Melchor, que fue investido caballero de la Orden de Calatrava en 1647.
           
1642. Fernando de la Barrera, hijo e D. Pedro de la Barrera, y nieto de D. Fernando de la Barrera, ambos de Gibraleón.
           
1643. Alonso Velez de Guevara y Salamanca, nieto materno de Dª María Pardo de las Mariñas, de Palos de la Frontera, que era también abuela paterna del caballero de Santiago D. Fernando Leonel Beltrán de Caicedo.
           
1643. Nicolás de Zárate, biznieto de Dª Beatriz Medel, de Huelva.
           
1647. Juan Francisco Díez de San Miguel, biznieto de D. Diego Bermúdez, de Palos de la Frontera, que, a su vez, era abuelo del caballero de Santiago D. Diego Baltasar de la Torre.
           
1650. Juan de Zuricaray y Blanquecer, nieto de Dª Leonor Hernández de Serpa, de Palos de la Frontera, hija del Adelantado de Nueva Andalucía, el capitán D. Diego Hernández de Serpa. Dª Leonor, además, era abuel de D. Andrés Blanquecer y Loaysa, caballero de Calatrava, y bisabuela e D. José Carlos de Mencos, caballero de Santiago.
           
1660. Fernando de Guevara Altamirano, nieto de D. Baltasar Rodríguez de los Rios, de Lepe, y tío de D. Iñigo de Guevara, caballero de Santiago.
           
1671. Antonio de Mendoza y Costilla, marqués de San Juan de Buenavista. Nieto de Dª María de Riberos, de Moguer, la cual tuvo dos hijas, Teresa Y Beatriz; la primera, madre del citado D. Antonio de Mendoza, y la segunda, madre de D. Pedro de Mercado y Peñalosa, caballero de Santiago.
           
1680. Pedro Camacho del Toro, hijo del Sargento Mayor D. Sebastián Camacho de la Cueva, de Villarrasa, y nieto de D. Álvaro Hernández Camacho, de Bollullos del Condado.
           
1684. Francisco de Tovar Justinian, nieto del Maestre de Campo, General D. Antonio Rodríguez de Tovar, de Escacena, e hijo de Dª María Justinian Contarino, también natural de Escacena.
           
1687. Miguel Román de Nogales, cuyos abuelos paterno y materno fueron, respectivamente, Dª Francisca Román de Aranda y D. Antonio de Aranda, ambos de San Juan del Puerto.
           
1687. Juan Esteban Roldán Dávila. Las investigaciones llegan hasta su tercer abuelo paterno, Juan Roldán Dávila, de Moguer, que estuvo con Vasco Núñez de Balboa en el descubrimiento del Océano Pacifico, con Pedrarias Dávila en la Tierra Firme, y más tarde acompañó a Pizarro y Almagro en la conquista del Perú, siendo uno de los fundadores de la ciudad de Trujillo, concediéndole Felipe II escudo de armas en 1565.
            1689. Juan Cortés y Echevarria, biznieto de D. Diego Ramírez, de Trigueros.
           
1695. José Antonio de Lejarzar, nieto de D. Antonio de Monroy y Sierra y de Dª María de Hijar y Sierra, ambos de Villalba del Alcor, donde se casaron el 7 de Enero de 1627.
           
1742. José Fernández de Echevarria y Veitia, biznieto de D, Francisco Romero y Moscoso y Dª Ana María de Rozas, ambos de Escacena.

            1753. Agustín Gaspar Ramírez de Laredo. Las diligencias informativas llegan hasta su quinto abuelo materno, D. Salvador Vázquez, natural de Aracena.
           
1763. García Francisco de Córdoba y Lasso de la Vega, hijo de D. Gonzalo de Herrera, de Villalba del Alcor, caballero de Calatrava y primer marqués de Villalba, que era, por otra parte, cuarto abuelo materno del caballero de Santiago D. José María Chacón y Herrera,
           
1771. Francisco J. Calvo de la Puerta, cuyo cuarto abuelo paterno fue D. Martín Calvo de la Puerta, de Cumbres Mayores.
           
1777. José Antonio de Lavalle y Cortés. Las pesquisas alcanzan hasta su quinto abuelo el conquistador Juan Roldán Dávila, de Moguer, ascendiente del caballero de Santiago D. Juan Esteban Roldán Dávila.
           
1788. José Manuel de Zaldivar y Murguía, biznieto de D. Sebastián Jiménez, de  Puebla de Guzmán.
           
1802. José María Romero de Terreros, hijo de Pedro Romero de Terreros, de Cortesana, caballero de la Orden de Calatrava. Sus abuelos paternos, D. José Feleope Romero y Dª Ana de Terreros, ambos de Cortegana. D. Pedro Romero de Terreros era bisabuelo del caballero de Santiago S. Juan Romero de Terreros y Villamil.

            Entre los caballeros e la Orden de Calatrava algunos proceden de Moguer como es el caso del Maestre de Campo D. Francisco Cruzado y Aragón, que prestó señalados servicios en el Perú a las ordenes del Virrey Conde de Lemos en 1667; otros linajes llegan hasta Palos de la Frontera en Dª Leonor Fernández de Serpa.
           
            Aunque la Orden de Carlos III no es militar, sino civil, y en realidad se trata e una condecoración, el ritual de su imposición tiene semejanza con el de las ordenes militares, y recibieron el título y collar de la misma, D. Juan Francisco de Miralles, biznieto del alferez D. Jerónimo González de Araujo, de Alonso, y D. Mariano José de Roa y Palma, biznieto del Maestre de Campo D. Cristóbal Plaza de los Reyes, de Valverde del Camino.

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