lunes, 3 de junio de 2013

EL MOTÍN DE LA NAO SANTA MARÍA

Alberto Casas

            22 de Septiembre de 1492.-

Navegó al oesnoroeste más o menos, acostándose a una y otra parte; andarían treinta leguas; no veían casi yerba; vieron unas pardelas y otra ave; dice aquí el Almirante: mucho me fue necesario este viento contrario, porque mi gente andaban muy estimulados, que pensaban que no ventaban estos mares vientos para volver a España. Por un pedazo de día no hubo yerba, después muy espesa.

   Es la primera mención que hace Colón del escaso ánimo de la tripulación después de una serie de falsos indicios sobre la proximidad de tierra, tras veinticuatro días engolfados en el océano en los que los víveres, y especialmente el agua, iban menguando hasta un punto en el que se pensaba que de no hallar tierra muy pronto no serían suficientes para el viaje de retorno que deberían navegar con el viento de proa, ya que la experiencia les había enseñado que en aquella zona el régimen de vientos era constante, del norte y nordeste,

y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gente diciendo: que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver a España.
           
   El día veinticinco leemos que el Almirante

iba hablando con Martín Alonso Pinzón sobre una carta que le había enviado tres días antes, donde según parece tenía pintadas el Almirante ciertas islas por aquella mar, y decía Martín Alonso que estaban en aquella comarca, y decía el Almirante que así le parecía a él.

   Este párrafo es importante, puesto que en él se da cuenta de un cambio normal de impresiones sobre incidencias náuticas en las que se han de destacar que mientras el piloto de Palos afirma que se hallan en la zona de las islas marcadas, Colón tiene dudas, lo que evidencia los conocimientos en el arte de navegar que tenían uno y otro personaje, ya que, efectivamente, se encontraban al norte de la isla de Puerto Rico.  Con esta noticia renace la esperanza, por lo cual se echaron a nadar muchos marineros, aunque la alegría se volvió a enturbiar al dar Martín Alonso la voz de tierra, que no apareció tras navegar unas veinte leguas. Es a partir de estos instantes, cuando Colón anota en el Diario menos leguas de las verdaderamente navegadas, artimaña que desconcierta a los pilotos de las dos carabelas.
   El día 6 de octubre se produce un acaecimiento, tal vez el más trascendental de la navegación: “

Tenía también ordenado que al salir el sol y al ponerse se juntasen todos los navíos con él porque esos dos tiempos son más propios para que los hombres den más lugar a ver más lejos

   Esa noche Martín Alonso aconseja navegar a la cuarta del oeste a la parte de sudoeste, consejo que desestima el Almirante que decide navegar a su camino, al oeste, pero a la noche del día siguiente pone el rumbo que el piloto palermo le había indicado, singladura que ladinamente don Hernando Colón omite en la trascripción del Diario de su padre. Desde los primeros síntomas de desconfianza de la tripulación mostrados el 22 de Septiembre, hasta el 10 de Octubre, en el que navegando con mar llana como el río de Sevilla, así como las falsas visiones de tierra, por la Pinta el 25 de Septiembre y por la Niña el 7 de octubre, la tripulación de la Santa María, el citado día 10, manifiesta su protesta de que la expedición ha fracasado, quejábase del largo viaje y era el momento de virar en redondo previendo males irremediables, pero el Almirante los esforzó lo mejor que pudo dándoles buena esperanza de los provechos que podrían haber. Y añadía, que por lo demás era quejarse, pues que él había venido a las Indias, y que así lo había de proseguir hasta hallarlas con el ayuda de nuestro Señor.
   En ningún instante se habla de motín o de actitud violenta de la marinería, sino de su natural preocupación de no encontrar tierra y de su soledad en alta mar, sin posibilidad de ser socorridos en el caso de un grave contratiempo. Por otra parte, es totalmente falsa la imagen de un Colón

acosado y con inminente peligro de su vida, ya que a bordo contaba con la fidelidad inquebrantable de gran parte de los tripulantes, como el maestre y propietario de la nave, Juan de la Cosa, al maestre Alonso, físico de la expedición, a Diego de Arana, Luís de Torres, Rodrigo de Jerez, Pedro Gutiérrez, Pedro de Terreros, Rodrigo de Escobedo, Rodrigo Sánchez de Segovia, además de la autoridad indiscutible e incontestable de Martín Alonso Pinzón. Al supuesto motín, del que tantas falsedades se han inventado (especialmente su hijo Hernando Colón), también se le llama rebelión de los vizcaínos,
siendo estos una minoría en la nao Santa María, entre los que destacamos a Domingo, tonelero, a Domingo de Lequeitio, a Lope, calafate, a Martín de Urrutia y dos tres más que forman parte de los 39 que quedaron en el fuerte de Navidad y murieron a manos de los indios. 
   En el Diario, extractado por Bartolomé de las Casas, no aparecen vestigios de conspiración o conjura, y el Almirante en su Carta del descubrimiento dice que se ha fecho este viage que fue así de corrida, ni jamás, en España, el Almirante hizo mención o insinuó haber pasado por ese trance, Esta y no otra es la historia del malsín invento del motín.
   Ya se lo dijo el bachiller Sansón a don Quijote:

uno es escribir como poeta y otro como historiador; el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna (II-4).




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