Alberto Casas.
AUTO DE FE
En 1680 se celebró en Madrid, con asistencia y en obsequio de Su Majestad Carlos II y de su esposa, la siempre triste e impopular María Luisa de Orleáns, un Auto General de la Fe inolvidable; el espectáculo fue grandioso y la gente salió encantada esperando que pronto se repitiera, pues era algo excepcional que valía la pena volver a contemplar y disfrutar.
Hay que reconocer que el mérito de la deslumbrante representación fue del Inquisidor General, el Excmo. Sr. Don Diego Sarmiento de Valladares, obispo de Oviedo y Plasencia y Presidente del Real Consejo de Castilla, que puso todos sus afanes, recursos y ciencia en que el acto fuera del agrado de los reyes y que el numeroso público asistente no saliera defraudado del festejo que, gracias al buen hacer y celo de don Joseph del Olmo, Alcayde y Familiar del Santo Oficio, Ayuda de a Furriela de Su Magestad y Maestro Mayor del Buen Retiro y Villa de Madrid, conocemos en todos sus detalles.

El solemne cortejo, llamado el Escuadrón de la Fe , estaba formado por ciento cincuenta Familiares del Santo Oficio montados en gallardos y generosos caballos, y ellos vestidos y encintados con joyas y veneras de diamantes y otras piedras preciosas. La comitiva, enarbolando los dos estandartes de la Inquisición , el de la Cruz Verde sobre campo negro, con un ramo de olivo a su derecha, símbolo del perdón, y una espada en su lado siniestro, símbolo de la Justicia , y el de la Cruz Blanca , blasón de la fe irreducible, recorrió las calles de Madrid haciendo ocho paradas para dar lectura al siguiente bando a cargo de don Lucas López de Moya, Familiar y Notario de Numero de la Inquisición de esta Corte.
Sepan todos los vecinos y moradores de esta Villa de Madrid, Corte de Su Majestad, estantes y habitantes en ella, como el Santo Oficio de la Inquisición de la Ciudad y Reino de Toledo celebra Auto público de la Fe en la Plaza Mayor de esta Corte, el domingo 30 de Junio de este presente año, y que se les conceden las gracias e indulgencias por los Sumos Pontífices dadas a todos los que acompañaren y ayudaran a dicho Auto. Mándase publicar para que venga a noticias de todo”.
De los preparativos se ocuparon distintas Comisiones encargadas de que nada faltara ni nada fallara: reposteros, colgaduras de damasco carmesí, alfombras, tapices, velas con la insignia del Santo Oficio, asientos, adornos, vestuario de los reos, refrescos, arreglo del teatro montado en la Plaza Mayor a imagen y semejanza del estrado al que todos subiremos el día del Juicio Final en el valle de Josafat, y en las ventanas y calles por donde debía pasar la comitiva, clarines y timbales que con armonioso ruido solemnizaran la acción. Se creó, expresamente para tan extraordinario evento, una compañía de alabarderos y 250 Soldados de la Fe armados con mosquetes, arcabuces y picas, vestidos de raso negro y cabos de tela de guarniciones de encaje fino de plata, plumas blancas y negras en los sombreros y relucientes alabardas en las manos, velando el orden público y todo lo necesario para el buen funcionamiento del brasero situado en la Puerta de Fuencarral; ésta fuerza estaba mandada por el marqués de Malpica montado en caballo tordillo con silla de plata y el caballero vestido de tafetán negro bordado de blanco y plata y luciendo venera de diamantes escoltado por dieciocho lacayos vestidos de paños de holanda con guarniciones de oro. Detrás iba un coche rico de terciopelo, blanco y verde, que tiravan cuatro caballos.

Luego vino la Misa Mayor que duro más de doce horas, sermones, lectura de las causas y sentencias. Las condenas fueron variadas: cárcel perpetua, destierro, azotes, 5 años en galeras, confiscación de bienes y, para remate, la apoteosis final con la conducción al brasero de los relajados al brazo seglar; unos ejecutados por garrote y los pertinaces al fuego; después, los cadáveres fueron quemados hasta quedar convertidos en cenizas.
Fin del Auto y de la Relación del Sr. del Olmo, Dedicado al Rey N. S. Carlos Segundo Gran Monarcha de España y del Nuevo Mundo, que Dios guarde. La relación la termina con un Laus Deo, a modo de colofón.
El solemne cortejo, llamado el Escuadrón de la Fe , estaba formado por ciento cincuenta Familiares del Santo Oficio montados en gallardos y generosos caballos, y ellos vestidos y encintados con joyas y veneras de diamantes y otras piedras preciosas. La comitiva, enarbolando los dos estandartes de la Inquisición , el de la Cruz Verde sobre campo negro, con un ramo de olivo a su derecha, símbolo del perdón, y una espada en su lado siniestro, símbolo de la Justicia , y el de la Cruz Blanca , blasón de la fe irreducible, recorrió las calles de Madrid haciendo ocho paradas para dar lectura al siguiente bando a cargo de don Lucas López de Moya, Familiar y Notario de Numero de la Inquisición de esta Corte.
Sepan todos los vecinos y moradores de esta Villa de Madrid, Corte de Su Majestad, estantes y habitantes en ella, como el Santo Oficio de la Inquisición de la Ciudad y Reino de Toledo celebra Auto público de la Fe en la Plaza Mayor de esta Corte, el domingo 30 de Junio de este presente año, y que se les conceden las gracias e indulgencias por los Sumos Pontífices dadas a todos los que acompañaren y ayudaran a dicho Auto. Mándase publicar para que venga a noticias de todo”.
De los preparativos se ocuparon distintas Comisiones encargadas de que nada faltara ni nada fallara: reposteros, colgaduras de damasco carmesí, alfombras, tapices, velas con la insignia del Santo Oficio, asientos, adornos, vestuario de los reos, refrescos, arreglo del teatro montado en la Plaza Mayor a imagen y semejanza del estrado al que todos subiremos el día del Juicio Final en el valle de Josafat, y en las ventanas y calles por donde debía pasar la comitiva, clarines y timbales que con armonioso ruido solemnizaran la acción. Se creó, expresamente para tan extraordinario evento, una compañía de alabarderos y 250 Soldados de la Fe armados con mosquetes, arcabuces y picas, vestidos de raso negro y cabos de tela de guarniciones de encaje fino de plata, plumas blancas y negras en los sombreros y relucientes alabardas en las manos, velando el orden público y todo lo necesario para el buen funcionamiento del brasero situado en la Puerta de Fuencarral; ésta fuerza estaba mandada por el marqués de Malpica montado en caballo tordillo con silla de plata y el caballero vestido de tafetán negro bordado de blanco y plata y luciendo venera de diamantes escoltado por dieciocho lacayos vestidos de paños de holanda con guarniciones de oro. Detrás iba un coche rico de terciopelo, blanco y verde, que tiravan cuatro caballos.
Luego vino la Misa Mayor que duro más de doce horas, sermones, lectura de las causas y sentencias. Las condenas fueron variadas: cárcel perpetua, destierro, azotes, 5 años en galeras, confiscación de bienes y, para remate, la apoteosis final con la conducción al brasero de los relajados al brazo seglar; unos ejecutados por garrote y los pertinaces al fuego; después, los cadáveres fueron quemados hasta quedar convertidos en cenizas.
Fin del Auto y de la Relación del Sr. del Olmo, Dedicado al Rey N. S. Carlos Segundo Gran Monarcha de España y del Nuevo Mundo, que Dios guarde. La relación la termina con un Laus Deo, a modo de colofón.